El Dilema del Tranvía

El dilema del tranvía es un experimento mental famoso que nos fuerza a escoger el mal menor y reflexionar sobre los conceptos de responsabilidad y disposición a asumir las consecuencias. Este dilema fue presentado por la filósofa británica Philippa Foot y nos pone en la siguiente situación: hay un tranvía fuera de control, si continúa su camino atropellará a cinco personas, pero tienes la opción de activar una palanca que cambiará su camino y atropellará a un obrero.

La mayoría activa la palanca al hacer un simple calculo que una vida es menor a cinco. Este pensamiento casi instintivo sigue las ideas de la corriente utilitarista la cual establece que el mejor curso de acción es aquel que brinda la mayor felicidad al mayor número de individuos. A pesar de esto, hay quienes deciden no activar la palanca porque consideran que estarían asesinando al obrero. 

Hay otra variante de este dilema que en vez de decidir activar una palanca tenemos que empujar a una persona desde un puente al camino del tranvía. El cuerpo de esta persona detiene al tranvía y salva a cinco personas. En este caso el resultado es el mismo al salvar a cinco vidas a costa de una, pero los resultados de varios estudios son muy interesantes. Mientras que en el primer caso alrededor del 90% activó la palanca, en esta variante el 90% no empujó a la persona. El cambio fundamental es aquel de la intención: en el primer caso se salvaba a cinco personas y la muerte de la otra era una consecuencia, pero en el segundo la muerte de la persona es la causa por la cual se salvan las otras cinco. Además el agente participa personalmente al empujar a la persona con sus propias manos, la sentencia a muerte.

Incluso hay casos que llevan al extremo el sacrificar una persona para salvar a cinco, uno de estos engloba el actuar de un médico. Hay cinco pacientes, cada uno necesita un órgano distinto para sobrevivir; el médico ve que en la sala de espera hay una persona compatible con los cinco pacientes y podría asesinarlo, tomar sus órganos y salvar a cinco personas que estaban destinadas a morir. La respuesta natural a esta situación es que no es correcto asesinar a un paciente, incluso si no hay consecuencias legales, para salvar a otros. El resultado sigue siendo el mismo, pero en este caso se tiene una respuesta casi unánime. La diferencia es que en este caso se asesina voluntariamente y se va contra el juramento hipocrático al dañar a un paciente.

Respecto a este dilema ético se han propuesto una gran variedad de situaciones como por ejemplo que el obrero del caso original sea un familiar directo o que el número de vidas salvadas aumente considerablemente. Se ha difundido de tal manera este experimento mental que al estudio de este se le ha denominado “tranviología”.

La propuesta de estos ejercicios mentales que presentan casos irreales ha sido gravemente criticada por ser inútil y poco práctica al prescindir de tantos factores reales. Sin embargo, estos dilemas éticos nos ayudan a reflexionar sobre las reglas en las cuales basamos lo correcto, lo moral y lo que debemos hacer. 

Incluso en los últimos años este tipo de dilema ha adquirido mucha fama por el desarrollo de coches autónomos. Estos hacen que nuestras decisiones reaccionarias en un accidente automovilístico se conviertan en decisiones premeditadas que tenemos que programar con previsión. Las normas que regulen tales decisiones, por ejemplo en un inevitable choque, tienen que determinar según qué parámetros el coche debe actuar.

¿Tiene que salvar a sus pasajeros a costa de todo? ¿Salvar la mayor cantidad de vidas incluso si pone en peligro a los pasajeros? ¿Priorizar las vidas de los niños y jóvenes ante aquellas de las personas mayores? ¿Quien desarrolle estos parámetros debe ser responsabilizado por las eventuales víctimas? ¿Cómo se deciden dichos parámetros? Como podemos apreciar las preguntas son innumerables e importantes de responder. La utilidad de estos dilemas éticos es innegable y sus aplicaciones son de suma importancia.

Un caso actual de este tipo de dilema se da en las difíciles decisiones que las organizaciones de sanidad deben de tomar. Por la cantidad incontrolable de contagiados que aumenta cada día, los hospitales no tienen suficientes medios para tratar a los enfermos. En el caso de Perú por desgracia los hospitales deben realizar una selección de pacientes según los riesgos y condiciones que conlleve el tratamiento. El principal problema es el número limitado de ventiladores y por ello el objetivo es salvar a la mayor cantidad de personas con mayor posibilidad de sobrevivir. La selección da cierta preferencia a los jóvenes por la tendencia de este virus a ser más devastador con las personas mayores o con enfermedades preexistentes.

Esta pandemia es una tragedia que nos obliga a afrontar realidades crudas y desesperanzadoras. La línea de acción que siguen se basa en esta idea: no gastar recursos en causas perdidas. Los médicos hacen un trabajo muy importante y valeroso para salvar a las personas.

Poniendo esta situación en términos del propio dilema previamente detallado, los médicos tienen un ventilador y deben de decidir si utilizarlo con una persona mayor o con un joven. Si no se actúa ambos morirán, la decisión tomada fue salvar al joven.

Renzo Gonzales

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