Recordando a D10S

“Hice lo que pude, no creo que me haya ido tan mal …”.

El futbolista más conocido de América Latina y del mundo, el autor del memorable “gol del siglo”, Diego Armando Maradona, era un hombre libre y, al mismo tiempo, ciertamente esclavo de esta misma libertad.

Lanús Oeste, Buenos Aires, 30 de octubre de 1960, quinto de ocho hijos y primer hijo hombre del matrimonio entre Don Diego Maradona (1927 – 2015) y doña Dalma Salvadora “Tota” Franco (1930 – 2011).

Diego pasaba sus días cerca del barrio pobre “Villa Fiorito” de Buenos Aires, donde las casas se construían con lo que podían. Dieguito jugaba y jugaba en las calles y en los campos de tierra y barro, en la lotería entre la vida y la muerte, comía lo que su humilde familia le podía ofrecer para que el chato creciera más; y Diego creció, no en estatura, sino en los corazones de los fanáticos del juego más hermoso del mundo. Desde los primeros momentos que jugó al fútbol, ​​inmediatamente quiso para él la delantera y crear lo que más amaba: el GOL. Durante los entrenamientos futbolísticos de Buenos Aires en los campos denominados “Las Siete Canchitas”, tuvo su primer contacto con el fútbol maduro que fue en 1969, cuando tomó las pruebas para ingresar a las divisiones inferiores del club Argentinos Juniors. Un año después de su carrera en Argentinos, fue convocado para jugar con la selección nacional. Lo llamaron “el pibe de oro”. A los 17 años ya era uno de los 25 mejores jugadores argentinos, pero no tenía la madurez suficiente para formar parte de esa Argentina campeona mundial en la copa que se organizó el país en 1978.

Al año siguiente, Diego fue el capitán de la selección nacional Sub 20 que ganó la Copa del Mundo en Japón. En 1980, fue vendido a Boca Juniors, uno de los clubes más grandes de Argentina, y dos años más tarde al Barcelona en España, por una cantidad récord. En 1984 fue contratado por el Napoli en Italia y tuvo una brillante carrera allí, ganando dos campeonatos italianos (1987 y 1990), los dos únicos ganados por el club; una Coppa Italia (1987); una Copa de la UEFA (1989); y una Supercopa de Italia ( 1990).

“La pelota era su esclava”, dijo Gianni Brera, uno de los mejores periodistas deportivos italianos de todos los tiempos. Ahora el balón está libre y el fútbol, ​​sin su Dios, Diego Armando Maradona, está muerto. Nos dejó el más grande de todos, el que hizo mágico el fútbol, ​​el que encarnó la verdadera esencia del fútbol.

Sus regates, sus inventos, sus goles eran pura poesía. Su fútbol era arte, era epopeya, era novedoso. Con esa izquierda acariciaba la pelota como ningún otro. Con la pelota nos habló, nos hacía el amor. Diego y el balón eran una cosa: inseparables e indisolubles desde el nacimiento.

Diego Armando Maradona representó todos los sueños de los niños que queríamos ser futbolistas y soñamos con sus hazañas, con sus obras de teatro. Verlo jugar era como esa novela que leías todo del tirón o como esa historia de amor que nunca querrías terminar.

Maradona ha entrado en la leyenda y en el corazón de todos, también por su generosidad, por su origen humilde nunca negado y olvidado, (en realidad, todo lo contrario), por estar siempre al lado de los más débiles, los pobres, los niños. De hecho, Maradona jugaba y disfrutaba como un niño. Cuando jugaba era alegría en persona y asombro por nuestros ojos. Para él, jugar en tierra batida y llena de barro o jugar frente a 80.000 personas era lo mismo.

Diego Armando Maradona también representó la redención de una ciudad (Nápoles) y una tierra (sur de Italia) contra el fútbol y el poder financiero del norte de Italia. Le dio esperanza, sueños, alegría, lágrimas a un pueblo muchas veces maltratado y acostumbrado a terminar siempre segundo o último. Fue David quien derrotó a Goliat. Él era el pueblo.

Murió el 25 de noviembre de 2020 en su residencia en B.A. donde pasó los últimos años de su vida. Dejándonos, Diego sin duda trae consigo ese mundo fantástico y mitológico del fútbol que había imaginado y pintado más de una vez en un campo de juego. Paro cardíaco, dirán los médicos. Pero él, como sabemos, simplemente corre y desmarca a todos, de manera memorable, hacia “el Olimpo de los campeones”.

RECORDANDO DIEGO

Argentina. Campeón mundial en México 1986 – La cabalgada de Diego en el segundo gol de Argentina – Inglaterra en la radio crónica historica de Víctor Hugo Morales.

La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja al tercero y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0.

Un artículo de VALERIO ORLANDO y RICCARDO SPECCHIA

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