Fukushima: a 10 años de la tragedia

El 11 de marzo del 2011, la central nuclear japonesa de Fukushima quedó gravemente dañada tras un terremoto de magnitud cercana a 9 en la escala de Richter. Lamentablemente, un tsunami acompañó esta catástrofe. Este causó fallas en la planta nuclear con la consecuente liberación de una contaminación radioactiva sin precedentes en el océano. Este hecho obligó a evacuar a toda la población en un radio de 30 kilómetros y trajo consigo miles de muertes y devastación, lo que trajo como resultado que esta se convirtiera en la peor catástrofe nuclear desde el desastre de Chernóbil de 1986.

Tras los trabajos de limpieza durante la última década, alrededor de 1,25 millones de toneladas de agua contaminada con material radiactivo han sido almacenadas cerca de la central nuclear de Fukushima Daiichi, en el noreste de Japón. Actualmente, esta cuenta con más de mil cisternas. Este hecho encendió las alarmas de múltiples organismos internacionales como la ONU, la OMS y diversos grupos que velan por la salud medioambiental. Del mismo modo, Greenpeace no se quedó atrás. Esta organización elevó sus voces de protesta al enterarse, este 13 de abril del 2021, de la intención de las autoridades japonesas de verter al océano Pacífico las aguas tratadas, pero aún radioactivas.

El sentido común nos pone en alerta inmediata cuando hablamos de radioactividad debido a sus efectos devastadores e innegables sobre la vida humana y sobre todas las especies que habitan el planeta. De esta manera, lo primero que aparece en nuestras mentes es la amenaza a la salud de la población, el incremento de muertes, de la incidencia del cáncer o tantas otras patologías causadas por el potencial mutagénico de la radiación; asimismo, la muerte de la vida marítima con todas sus implicancias en el ecosistema e incluso su repercusión final en la salud de las personas a través de la cadena alimentaria. Sin embargo, es necesario entender a profundidad qué hay detrás de todo este escenario que, a simple vista, impresiona, dándole escalofríos a todo aquel que lea la palabra “radioactividad”.

En la actualidad, los más de mil tanques en el interior de la planta se están llenando de agua subterránea contaminada por el contacto con los reactores y sus edificios de contención. Aunque los sofisticados procesos de limpieza han sido capaces de eliminar muchos isótopos radiactivos y se han llevado a cabo inmensos esfuerzos para desviar las aguas subterráneas, algunas estimaciones afirman que esos tanques volverán a llenarse en un futuro cercano. Por eso, algunos funcionarios japoneses han propuesto que se libere el agua directamente al océano. El agua contenida dentro de estos tanques está contaminada principalmente por tritio, un isótopo radiactivo del hidrógeno que se genera de forma natural en la atmósfera y va a parar al agua de lluvia o al agua potable. El tritio solo es peligroso para la salud en dosis muy altas. Se desintegra en un 50 % al cabo de unos 12 años. En concentraciones bajas similares a las existentes en la naturaleza, representa un nivel desestimable de radiotoxicidad. Es importante subrayar que los niveles de este elemento en el agua que se verterá al mar serán cuarenta veces inferiores al máximo legal establecido por el Gobierno de Japón para el agua potable y un séptimo del máximo fijado por la Organización Mundial de la Salud.

Antes de ser vertida, el agua es tratada con un Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos (ALPS, por sus siglas en inglés). Este proceso consiste en eliminar la mayoría de las sustancias radiactivas. Lamentablemente, dentro de esta, el tritio no forma parte. Esto se debe a que no se puede quitar con técnicas actualmente disponibles. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, el tritio tiene un tiempo de vida media relativamente corto en comparación con otros isótopos encontrados en diversos estudios de estas aguas contaminadas. Algunos son carbono-14, cobalto-60 y estroncio-90, moléculas que tardan mucho más en descomponerse y que son absorbidas con mayor facilidad por la vida marina y el fondo oceánico, poniéndolos en serio peligro. A la vez, es importante decir que el agua de Fukushima será vertida de manera gradual con el pasar de los años. Es decir, no en one shot.

La preocupación máxima de las personas en el mundo acerca de este tema es la radioactividad que podría afectar al Océano Pacífico, pero aquí viene un dato tranquilizante. El Océano Pacífico, como cualquier otro, tiene un porcentaje pequeño de radioactividad natural. Podemos encontrar muchos isótopos dentro, como el potasio-40. Cabe resaltar, que tan solo el nivel de radioactividad de este es decenas de millones de veces superior a la medida actual del tritio contenido en el agua de Fukushima. Por lo cual, cabe preguntarse si en el Pacífico habrá un aumento o algún tipo de variación de radioactividad. La respuesta, según expertos, es “no”, debido a lo que se ha explicado antes y a que Japón tirará al mar 20g de agua radioactiva diluida en un millón de toneladas de agua.

Sin lugar a duda, esta situación plantea un dilema enorme que debe resolverse de la mejor manera posible en pro de la salud humana, marítima y medioambiental. Sin olvidar, además, que la pesca de especies marítimas en este océano representa el sustento de innumerables personas, quienes también dependen ahora de que esta operación sea exitosa. Si bien es cierto que el tema de la radioactividad es muy controversial y llama mucho la atención, es cierto también que, al parecer, esta no es más que un evento bajo control y sobre el cual no debemos dejar que la desinformación gane.

Arantxa Hoyle

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