¿Una simple experimentación?

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Desde la creación del ser humano, los animales han formado parte de nuestras vidas y, a medida que hemos evolucionado, nos hemos dado cuenta de que ellos pueden ser mucho más que aquello que pensábamos. Si nos remontamos en la historia hasta los tiempos más o menos remotos de la ciencia, veremos que muchos de sus experimentos y aportes a la sociedad se han llevado a cabo debido al experimento (y sufrimiento) con animales. Todo empezó en el año 450 a.C. El primer experimento fue realizado por un filósofo-médico italiano, el cual nos demostró cuál era la función del nervio óptico, pero para llegar a esas conclusiones dejó ciego a un animal. Desde ese momento, el maltrato animal ha sido una constante de las investigaciones científicas.

Tanto conejos, perros, gatos y monos han sido utilizados para realizar experimentos médicos y cosméticos. A medida que la medicina va avanzando, nuevas enfermedades y curas han sido encontradas. Por ejemplo, la polio y la tuberculosis han sido curadas, pero no sabemos la historia detrás de esos logros. Alrededor de 100,000 monos fueron sacrificados como parte de la investigación de la vacuna contra la polio y otros miles de animales también murieron para encontrar la cura de la tuberculosis. Sin embargo, todavía no se ha encontrado una cura para un incontable número de enfermedades. Según algunos estudios, más de 800,000 animales han sido usados al año como prueba para investigar cómo combatir enfermedades que, hoy en día, hacen sufrir a humanos y animales.

Debido al avance tecnológico de la sociedad, de las redes sociales y de los medios de comunicación muchos experimentos con animales han sido evidenciados y muchas organizaciones han sido creadas para prevenir el sufrimiento animal. Asimismo, muchos países y organizaciones no se muestran indiferentes con la problemática y, por ello, diferentes leyes y normativas también han sido establecidas. La Unión Europea es un claro ejemplo de un ente que mostró preocupación ante esta problemática y estableció una normativa que limita el uso de animales para la realización de pruebas. Su uso está terminantemente prohibido para cualquier clase de experimento que no ayude al progreso científico o médico, debido a las altas tasas de muertes de animales por su uso cosmetológico. Colombia es el primer país de América Latina en prohibir las pruebas de cosméticos en animales. Con la Ley 2047 del 10 de agosto de 2020, se prohíbe en el país la experimentación, importación, fabricación y comercialización de productos cosméticos que sean objeto de pruebas con animales. Sin embargo, en más de 70 países, como China, Estados Unidos o Canadá, esta clase de pruebas aún están permitidas y, a pesar de ser un tema bastante delicado, los países no se han pronunciado al respecto.

En relación con nuestro país, ¿qué es lo que establecen las leyes peruanas respecto al testeo en animales? La respuesta es que Perú no exige que se realicen pruebas en estos, pero tampoco las prohíbe. Es decir, si un laboratorio local quiere realizar pruebas en animales, no existe ley que se lo prohíba. Cabe aclarar que la DIGEMID (Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas del Ministerio de Salud), que es el ente regulador para productos cosméticos en Perú, exige que, para todo producto que se aplique en la piel, se realicen pruebas de alergia (o también conocidas como pruebas de parche), las que pueden ser realizadas en humanos voluntarios o en animales. A pesar de esto, en Perú, las personas están tomando conciencia y comienzan a exigir que las marcas que usan sean libres de crueldad. Por este motivo, cada vez más marcas de este tipo están llegando a nuestro país teniendo precios bastante accesibles.

Los medios de comunicación han sido fundamentales para crear conciencia en la población sobre este tema. Varias publicaciones, artículos y videos han sido difundidos con el propósito de erradicar actos de esta naturaleza. Salvemos a Ralph o Save Ralph fue un cortometraje difundido en las redes sociales que causó controversia y creó sensibilización en las personas. En el video, que se hizo viral en cuestión de horas, el protagonista es un conejo llamado Ralph, quien narra un día “normal” en su trabajo, revelando las perturbadoras formas en que experimentaban con él y el maltrato al que son sometidos millones de animales en la industria cosmética y de limpieza. Este video, producido por la Sociedad Humana de los Estados Unidos y dirigido por Spencer Susser, buscó que una mayor cantidad de personas se informe, conozca el tema y entienda que es una problemática que, a pesar de tener años siendo debatida y discutida, no encuentra una solución y, sin nuestro apoyo, es probable que sigan pasando años sin ser resuelta.

Seamos conscientes a la hora de comprar. Cada vez que veas un logo que diga cruelty free, puedes estar seguro de que el producto final no ha sido probado en animales, que los ingredientes del cosmético tampoco han sido probados en animales y que la compañía fabricante renueva cada año su compromiso de ser “libre de crueldad” tras una completa auditoría. Hoy, la difusión del cortometraje Salvemos a Ralph y sus comentarios son la viva prueba de que la población en el mundo declara abiertamente su rechazo a este tipo de prácticas crueles con los animales. Nuestro propósito con este artículo es sensibilizar a las personas y que puedan entender que un problema como este es de suma importancia y que, si no encontramos una solución pronto, muchos animales podrían terminar como Ralph, viviendo en un laboratorio, en vez de gozar de su libertad.

Michelle Hollman y María Belén Albrecht

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