Dos mundos distópicos

“Todos nuestros sueños pueden hacerse realidad, si tenemos el coraje de perseguirlos”.

Con estas palabras, Walt Disney nos empuja a imaginar nuestro futuro y alcanzarlo. Sin embargo, Aldous Huxley y George Orwell, dos reconocidos escritores del siglo XX, nos presentan futuros temibles y absolutamente indeseables en sus respectivas distopías Un mundo feliz y 1984.

Principalmente, estas narraciones describen un mundo superficialmente ideal, pero cruel e infeliz. El objetivo de estos mundos imaginarios es subrayar el peligro potencial de determinadas conductas e ideologías.

Huxley, Un mundo feliz

El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás”. Aldous Huxley es el creador de esta frase, la cual desarrolla en su obra más popular Un mundo feliz publicada en 1932, donde nos describe una sociedad controlada mediante la “felicidad”.

Esta distopía nos cuenta cómo una futura sociedad crea artificialmente a las personas gracias a los centros de incubación y condicionamiento. Estos logran engendrar a personas que desde su nacimiento ya tienen una predestinación social. Estas facilidades crean hasta 96 embriones idénticos que son enviados a la sala de predestinación social. Se predestinaba el estatus social de cada embrión por medio de la exposición al oxígeno. Mientras más oxigeno recibiese, más inteligente sería, por lo que pertenecería a una casta social mayor. Este proceso crea una aspiración solamente a lo que el individuo es capaz de lograr en base al intelecto asignado. De esta forma, no se crea una insatisfacción social ni una lucha por ser de una clase mayor, ya que cada individuo está aparentemente feliz y satisfecho con su trabajo.  Por otro lado, los niños aprenden gracias a la hipnopedia, un proceso que se vale de los sueños para inculcarles los valores fundamentales: el odio a la naturaleza, ya que no daba dinero; a los libros porque son peligrosos; y a los males de la familia, hogar y la monogamia, ya que, en palabras de Mustafa Mohnd: todo el mundo pertenece a todo el mundo”. Por otro lado, existía una nueva droga llamada “soma”, que ayudaba a las personas a evitar los malos humores y a combatir la vejez.

El protagonista es Bernard Marx, un Alpha, la casta más alta de esta sociedad. Al avanzar la historia, Bernard y su interés amoroso Lenina viajan a la “reserva salvaje”, una sociedad subdesarrollada que sería similar a nuestra sociedad, ya que ellos crean familias, se comprometen con solamente una mujer, no usan la hipnopedia ni el soma. En este viaje, conocen a un hombre llamado John, al cual llevan al mundo feliz para serle útil a Bernard. Esto ocasiona un choque cultural para John, quien queda horrorizado al ver esta sociedad desalmada y con una felicidad artificial.

Entonces, esta sociedad controlada por la felicidad nos lleva a crear un mundo donde no se puede amar ni enojarse ni tener algún tipo de pensamiento crítico ni conocer la importancia de la cooperación. Esta es una sociedad llena de personas deshumanizadas que ven a los demás como objetos, una sociedad sin alma que silencia a las personas con criterio propio. Después de entender cómo funciona esta sociedad, podemos concluir que estamos ante una civilización de gente egoísta y superficial que solo busca placeres infantiles.

Orwell, 1984

“De vez en cuando levantaba la mirada a la cara que le miraba fijamente desde la pared de enfrente. EL GRAN HERMANO TE VIGILA.”

Así, George Orwell nos presenta un estado totalitario que controla y elimina toda oposición en su célebre novela distópica 1984. Orwell describe un mundo dividido en tres grandes superpotencias: Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. La historia se enfoca en el ambiente de control impuesto por El Gran Hermano y el Partido en Oceanía. La trama se desarrolla a través de Winston Smith, un funcionario del Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad que se encarga de falsear la información presentada al público. La historia de Winston ejemplifica el destino trágico de los ciudadanos con deseos rebeldes.

Un concepto fundamental de la novela es el doblepensar, es decir, la capacidad de las personas de sustituir lo verdadero por lo publicado por el Partido. Básicamente, el ciudadano debe creer fielmente lo dicho por el gobierno. Esta idea de doblepensar se presenta también en los nombres de los ministerios: el Ministerio de la Verdad, que manipula la mente de las personas; el Ministerio de la Abundancia, que gestiona los escasos recursos; el Ministerio de la Paz, que controla la guerra contra Eurasia; y el Ministerio del Amor, que ejerce la represión física y mental sobre la población. Además, el Partido también planea instaurar la neolengua, un lenguaje creado por el mismo, que estructuraría el pensamiento humano. De esta forma, el Ingsoc (nombre del partido en neolengua) eliminaría todos los conceptos que deseen y limitarían las ideas de los ciudadanos, así eliminando el mayor delito en Oceanía: el crimen mental. Este es el acto de no estar convencido de la verdad impuesta por el Ingsoc. Por último, aquellos opositores al Ingsoc descubiertos por las telepantallas son eliminados de la historia y torturados para quebrar sus ideales revolucionarios.

En este mundo donde cada gesto es monitoreado, el Partido totalitario elimina todo aquel ciudadano indeseable y controla al resto a través de la manipulación del pasado. Las personas no recuerdan un periodo previo al Gran Hermano; para ellas, este siempre ha estado en el poder, al igual que Oceanía siempre ha estado en guerra con Eurasia. El Ingsoc ha obtenido el dominio de la historia y controla quién y qué ha existido. Quizás la guerra con Eurasia no es más que una verdad impuesta por el Partido, y quizás el odio hacia Goldstein, líder de la oposición al Gran Hermano, no es más que otro medio para controlar los deseos del pueblo. El poder del Partido está destinado a volverse absoluto cuando se logre imponer la neolengua y ya no haya espacio al pensamiento crítico ya reprimido.

Este futuro distópico nos ilustra una sociedad violentamente controlada donde “la guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza”. En este régimen, la libertad no es más que un concepto fastidioso que en pocos años morirá. Esta novela nos revela el final de la libertad, del pensamiento y de la identidad ante el poder del Gran Hermano.

Actualidad: control y poder

Ambas obras nos advierten del peligro de un poder totalitario y del control que este ejerza: un control sutil de condicionamiento desde el nacimiento, o un control violento que manipula la misma realidad a su antojo; la falta de voluntad que lleva a la adicción, o el miedo y represión de las telepantallas; la hipnopedia o la neolengua. Todos estos medios son empleados con el fin de controlar a la sociedad.

Actualmente, el mundo está lleno de sugestiones que, en cierto sentido, condicionan nuestra identidad. La publicidad engañosa y las noticias falsas abundad en el día a día haciéndonos dudar de qué es verdadero. Incluso, las tecnologías que utilizamos cada día se adaptan a nosotros. Por ejemplo, las series o los videos que vemos y las publicaciones compartidas en las redes sociales son analizadas por algoritmos. A partir de esto, se nos muestran determinadas publicidades o recomendaciones que indican un estudio de nuestras actividades diarias. Por el momento, estas innovaciones tecnológicas facilitan nuestras necesidades. Sin embargo, los mismos análisis que realizan podrían ser utilizados para ejercer un control cotidiano como se nos muestra en las distopías vistas.

Estas realidades descritas por Huxley y Orwell nos señalan cómo no todo sueño debe ser perseguido, pues puede causar un mundo trágico. Imaginar sus características puede ser útil como ejemplo de lo que se debe evitar.

Renzo Gonzales y Félix Torres

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