Hannah Arendt: la filósofa optimista en tiempos nazis

Nacida en Hannover en 1906, Hannah Arendt fue criada en el seno de una familia judía. Su madre formaba parte del Partido Socialista Alemán como activa militante, viéndose Arendt de tan solo siete años envuelta en un contexto político complejo. En su periodo como estudiante, optó por estudiar cursos de filosofía y teología con dos grandes exponentes en los campos: Martin Heidegger y Karl Jaspers. La participación de estos personajes marcó el pensamiento político-filosófico de la aún joven Arendt. En los años treinta, con la subida del partido nazi al poder, Arendt se vio obligada a tener que escapar de Alemania debido a que formaba parte de la Organización Sionista Alemana. En 1935, fue exiliada de su país de origen para ser destituida de su nacionalidad en 1937. Vivió en Francia por unos años desarrollando sus estudios sobre el totalitarismo y el antisemitismo. Ya en 1940, pocos meses después de contraer su segundo matrimonio, fue recluida en un campo de concentración francés por ser “enemiga del estado” a causa de su origen. No pasó mucho tiempo y logró escapar para emigrar a los Estados Unidos en 1941.

Terminada la guerra, Arendt, que era representante y defensora del grupo judío, cobró protagonismo por su ensayo Los orígenes del totalitarismo (1951). Una década después publicó Eichmann en Jerusalén (1962), exponiendo su idea de “la banalidad del mal” en el juicio contra el nazi Adolf Eichmann. La obra que representa puramente el estilo optimista de Arendt es el tratado de filosofía política titulado La condición humana (1958). Los temas innovadores de Arendt fueron fundamentalmente el perdón y el potencial humano. El tratado gira en base a la relación entre hacer política y las relaciones sociales que entablamos tanto en pensamiento como en acto.

“Los hombres, aunque han de morir, no nacen para morir, sino para empezar”.

En La condición humana, Arendt introduce el concepto de “natalidad”, que explica que, con cada nacimiento, se da origen a un nuevo comienzo: “La naturaleza del ser humano está en hacer lo inesperado y cada nacimiento lleva consigo la posibilidad de un mundo cambiado”. La filósofa resalta el potencial humano, dándolo a entender como la capacidad de “los hombres libres” de actuar para poder transformar y cambiar los destinos del mundo. Para entender el factor revolucionario del concepto de natalidad, debemos conocer el contexto y la herencia filosófica que vivió la autora. La originalidad está en que Arendt se distancia de la filosofía de su profesor Heidegger, que veía la vida como “un avanzar hacia la muerte”.

Arendt divide las actividades básicas humanas (o lo que llama condición humana) en tres conceptos: labor, trabajo y acción. El concepto de natalidad va ligado con la acción. La acción es lo que la filósofa llama “la esencia del ser humano” y es el concepto que engloba una acción política, pues la acción es la serie de decisiones que tomamos como individuos para desarrollarnos sin necesidad de algo material, a diferencia de cómo pueden ser las otras actividades humanas. Como seres sociales, nuestras acciones propias tendrán una relación y/o efecto con las de los demás: no existe la acción de un individuo sin la de otro. 

La acción es un elemento espontáneo al igual que la natalidad, y ambos son dotados de la imprevisibilidad. Mientras los animales, a diferencia de los humanos, solo se comportan según su instinto de supervivencia, los seres humanos podemos actuar bajo nuestra propia voluntad. Inclusive, nuestra voluntad puede superar nuestro instinto animal de supervivencia. También el perdón va en contra de nuestro instinto, pero, como hombres libres, somos capaces de dejar el pasado atrás para volver a empezar: es lo que evita que nazcamos para morir sin darle un sentido a la vida.

Con La condición humana, Arendt nos presenta un tratado de filosofía política cuanto menos peculiar y optimista, entendiendo que vive en un contexto nazista. Ella es capaz de resaltar elementos como el perdón, lo valioso del nacimiento, y lo increíble que le resulta que los humanos seamos capaces de hacer lo completamente imprevisto para mejorar la sociedad. No podemos olvidar que, igualmente, la principal motivación de la autora es relacionar todos estos conceptos con la mejora de una sociedad, golpeada por el totalitarismo y oprimida por la falta de libertad. Pese a todas las adversidades, encontramos un texto que puede servir como inspiración para muchos jóvenes que hoy en día tienen miedo del mañana, que no se ven trabajando en sus sueños porque no les dará de comer, que no serán exitosos o no serán lo que alguien más quiere. Al final, creemos que solo tenemos que encajar dentro de la sociedad y nos olvidamos de nuestro valor como individuo. Arendt resalta que nuestra grandeza no está en ser un simple animal, sino ser algo totalmente inesperado a lo que teníamos previsto.

Fabiano Camminati

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