Perú: “retrato de un país adolescente” -reflexiones sobre las elecciones presidenciales-

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A lo largo de la historia del Perú, hemos visto elecciones en las que se han enfrentado opciones políticas de izquierda y derecha, anti-campañas entre los postulantes y mucha división social. En el 2021, los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta tomaron por sorpresa a una gran parte de la sociedad peruana. Debido a la crisis en la que nos encontramos y el peligro latente que los inesperados postulantes representaban, la gente fue atrapada por el miedo, que, sumado a otros factores, dio como resultado una de las campañas presidenciales más desinformativas y agresivas de nuestra historia: más que propuestas de gobierno, hemos visto racismo, clasismo e intolerancia política. Frente a un panorama tan complejo, creímos pertinente consultar con un experto.  Con la ayuda de la politóloga Penélope Brou, coautora de Una elección extraordinaria. Análisis de las elecciones congresales 2020, publicación del Jurado Nacional de Elecciones del Perú, reflexionamos sobre las implicancias de la segunda vuelta.

A continuación, transcribimos parte de la extensa entrevista que nos concedió.

Resultados de las elecciones

Se pensaba que Pedro Castillo ganaría de forma más holgada, pero, finalmente, la candidata Keiko Fujimori terminó acortando distancias. Hasta este momento, no tenemos certeza de quién será el próximo presidente del Perú, pues el JNE no lo ha proclamado oficialmente. En cuanto a la diferencia de votos, estas elecciones tienen bastante parentesco a las del 2016, en las cuales Pedro Pablo Kuczynski ganó por un mínimo margen de diferencia. Es importante enfatizar que, si bien en ese periodo hubo bastante polarización, no hubo tanta agresividad, ya que, al fin y al cabo, los dos candidatos tenían posturas prácticamente similares. Y, tal como se dice en la ciencia política, el establishment (el poder hegemónico) en el Perú tiende a la derecha.

La campaña del terruqueo

Esta se ha extendido en poco tiempo en comparación con otros años. Aunque algo parecido ya había sucedido en las elecciones del 2011, la anti-campaña en contra del candidato Ollanta Humala fue más moderada. Cuando llegó al gobierno y siguiendo su famosa “hoja de ruta”, amortiguó su ideología de izquierda y tuvo un gobierno mucho más centrado de lo que se esperaba. En el caso de Castillo, no tiene sentido que se le haga anti-campaña tildándolo de terrorista, cuando él fue rondero, es decir, luchó contra el terrorismo en los años 80 y durante más de una década fue miembro del partido Perú Posible.

Es indudable que el profesor Castillo y el partido que lo alberga, Perú Libre, han cometido muchos errores por sesgo ideológico o por desconocimiento: decir que Venezuela es una democracia o que el feminicidio es causado porque los hombres son ociosos, son clamorosos ejemplos. Se puede decir que el mayor problema del partido Perú Libre es probablemente Vladimir Cerrón, una figura bastante controversial, por sus declaraciones polémicas y por haber sido sentenciado por corrupción. También, en el partido de Fuerza Popular sucede algo parecido con su lideresa, que tiene acusaciones de lavado de activos, de obstrucción a la justicia y de ser cabeza de una organización criminal.

También es interesante ver los lugares donde Pedro Castillo ganó y obtuvo la mayoría de los votos: son técnicamente los mismos lugares donde la gente en 2016 votó por Verónika Mendoza y en 2011 por Ollanta Humala. En estos lugares, especialmente de la sierra, la gente que votó por Castillo se siente representada por él, es de zonas bastante olvidadas por el Estado, donde no hay postas médicas ni escuelas en funcionamiento, y está cansada de ver a los mismos políticos de siempre prometer y nunca cumplir.

Mientras tanto algunos de los votantes de Keiko la han elegido a ella por su padre, puesto que aún creen en el proyecto de Alberto Fujimori. Es válido decir que esto juega como un arma de doble filo, ya que también mucho del anti voto que tiene Keiko es por el legado del antiguo fujimorismo.

Populismo

El populismo en Latinoamérica, en general, tiene mucho terreno por las desigualdades que existen. Por ejemplo, si alguien te dice: “te golpeo y te doy 10000 soles”, obviamente vas a aceptarlo, la gente tiene que pagar su vida y no es barato cubrírsela. Entonces, las medidas populistas funcionan excelentemente bien a causa de la desigualdad y la discriminación. Hay una ceguera entre las clases sociales, una ceguera debido a los privilegios y se ha visto en la campaña que mucha gente no tiene empatía por el otro, que puede que esté en necesidad. También están los tecnicismos políticos: los candidatos buscan persuadirnos diciendo que sí es posible dar dinero sacándolo de algunos impuestos y, así, en adelante elaborando un discurso meramente retórico, pero que parece creíble. También está la creencia de que el Estado tiene mucho dinero, pero si se analiza realmente el presupuesto nacional, se advierte que la situación es complicada. Pero, al fin y al cabo, los políticos dicen lo que la gente quiere escuchar. En esta campaña, los dos candidatos han mostrado mucho populismo y solo para atraer votos.

¿Fuerza popular como partido representante de la democracia?

Recordemos que gran parte de la culpa de lo que vivimos actualmente se debe a las decisiones de la bancada mayoritaria que obtuvo en el 2016 el partido de Keiko Fujimori, que pudo utilizarla para mejorar el país, pero, en lugar de eso, se dedicó a obstruir las iniciativas del gobierno y a favorecer a los grupos empresariales, y a proteger a jueces y fiscales corruptos. Es inverosímil pensar que una persona que ha tenido semejante poder legislativo y que demuestra actitudes autoritarias nos venga decir que es la candidata de la democracia, considerando además que Keiko Fujimori no se desmarca de la herencia de su padre y la defiende. ¿Cómo nos creemos el discurso de que Keiko representa la democracia?

Es viable decir que uno vota por el fujimorismo porque defiende el modelo económico que, según muchas personas, va a generar estabilidad a largo plazo, o que no habría cambios que pueden generar disturbios. Pero, hay una gran diferencia entre decir eso y decir que Fujimori es la democracia y Castillo el comunismo. Ni Keiko representa la democracia ni Castillo el comunismo, mucho menos el terrorismo.  Los medios de comunicación, que pertenecen a los grupos empresariales del país que defienden sus propios intereses, distorsionan las noticias y confunden a la gente, la desinforman.

A Keiko Fujimori la han apoyado abiertamente la mayor parte de los medios de comunicación, indirecta y directamente.  Entonces, si esto sucede con los principales medios informativos, ¿Dónde nos informamos? Pues, igualmente, hay otras formas de información como la prensa independiente o las redes sociales, donde podamos contrastar la información obtenida para evitar también caer en noticias falsas; así, nos informamos de una forma más confiable que con los principales medios que dan solo una línea de discurso.

Esto no quieren decir que eso controle el voto, ya que los electores no son brutos. Mucha gente está cayendo en el racismo y en el clasismo diciendo que los votantes de Castillo son unos ignorantes, que no tienen educación, pero no es necesario ser profesional para emitir un voto. Aunque sí es verdad que muchos tienen una educación superficial o no la tienen, pero esto es por culpa del gobierno que no ha ejercido el rol que le corresponde. Se necesita un Estado fuerte que pueda ofrecer servicios básicos.

¿Perú podría entrar a un declive o parecerse a Venezuela?  

Sin duda, la campaña de Castillo, a la vez de haber sido muy improvisada, ha sido muy satanizada y comparada con Hugo Chávez. Es bien peligroso caer en esa comparación, ya que Chávez era un alto mando del ejército; entonces, tenía pleno control de las fuerzas armadas, a diferencia de Castillo, que ha sido rondero y es campesino. Diciendo esto, no es que Castillo no podría buscar algo de radicalidad o generar inestabilidad, si no está bien asesorado; definitivamente, es una posibilidad. Pero, decir que te van a expropiar tus bienes y que nos vamos a ir a la ruina es falso; eso es una exageración para aumentar el miedo alrededor del tema del comunismo.

Haciendo un análisis más profundo, Perú Libre posee un plan de gobierno bastante improvisado, que ha evolucionado a lo largo de la campaña. Cuando comenzó a ganar terreno en el ámbito político, sacó nuevos planes sobre economía y manejo de la pandemia elaborados con el asesoramiento de otras agrupaciones políticas. Pedro Castillo también tiene muchos defectos y es que él ha tenido opiniones poco informadas de su propio plan económico; técnicamente no tiene idea de lo que va a hacer si llega al poder, y también juegan un papel importante los asesores y la gente que lo rodea. Muchas de las propuestas de Castillo no son viables debido a las múltiples instituciones del Estado que las pueden “bloquear”. Por ejemplo: si Pedro Castillo busca modificar un modelo económico debe hacer una reforma constitucional y las reformas constitucionales se hacen a través del Congreso de la República. En cuanto al congreso, si bien Perú Libre tiene mayoría, Fuerza Popular le sigue con una diferencia de pocos escaños; y no hay que olvidar que hay partidos que son aliados del fujimorismo (Renovación Popular, Avanza País y parte de Acción Popular).

Además, si quisiese cambiar la constitución, así como lo propone, debe convocar a referéndum, por el cual el país tiene que ir a votar y si este se aprueba tiene que pasar por una asamblea constituyente que, a su vez, tiene que ser elegida para luego discutir y redactar la nueva constitución. Entonces, cualquier radicalización no sería viable, ya que, o no hay apoyo del congreso o no hay apoyo de un gran sector de la población. En caso de que se llegue a hacer cambios, estos no serían parecidos a los de Venezuela; no hay forma de que Pedro Castillo nos encapsule económicamente y nos lleve a la desgracia, al menos en los primeros años.

¿Si Castillo se vuelve presidente e indulta a Antauro Humala, podría obtener el apoyo al menos de las fuerzas armadas?

En realidad, no es sencillo; el congreso puede observar eso, y la gente se puede levantar y el congreso también influiría en esa posibilidad. No es tan fácil indultar, y si se indulta a Antauro igualmente, no se obtendría completamente el apoyo de las fuerzas armadas, o solo sería una minoría.

¿No al neoliberalismo?

Cambiar el modelo neoliberal no significa darle la espalda al capitalismo. En la constitución, se dice que la economía es una economía social de mercado, aunque en el Perú se aplica más el neoliberalismo. Igualmente, si Pedro Castillo crease su economía popular de mercado, ¿realmente se aplicaría esta? Probablemente no, y seguiría técnicamente con el mismo sistema que se ha tenido desde la constitución de 1993, ya que se tendría que hacer cambios en la constitución y es un trámite que estancaría al país. Existen otras ramas que se pueden tomar para tener un desarrollo más integral, hasta en la propia constitución se mencionan nuestros derechos, algunos de los cuales no se respetan.

El modelo económico actual permite que las clínicas lucren con la salud, los colegios cobren unas cuotas que son ridículamente más altas que las universidades, ya que es injusto que mucha gente no pueda acceder a una buena educación a causa de que el Estado no la brinda o simplemente lo poco que nos brinda no tenga competitividad con la educación privada. Por eso, en el Perú, si quieres tener una educación buena, tienes que pagar mucho dinero. Son varias las cosas que se pueden mejorar, no para quitarle plata al sector privado, sino para que todos tengan más oportunidades de estudiar.

Penélope Brou – Investigadora en la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana (DNEF) del Jurado Nacional de Elecciones

Finalizando, ya como forma de reflexión, un gobierno en el Perú tiene que hacer muchos cambios de raíz, de cómo la gente accede a las cosas, sea con impuestos, para que se asegure una mejor educación, salud, y que se les dé más importancia a las personas, especialmente a aquellos que se sienten olvidados por el Estado. Se debería buscar una política a favor de la gente: la alimentación, la salud y la educación tienen que ser vitales en un gobierno. Pero, también, para lograr eso no solo debemos entregarnos al gobierno, sino unirnos como sociedad, comprender las motivaciones de los otros grupos de personas. Busquemos el progreso no solo de forma individual, sino también de una forma social, para que todos tengamos oportunidades. Eso es lo que debemos buscar, no a partir del bicentenario, sino desde ahora. No dejemos que la frase “el peor enemigo de un peruano es otro peruano” nos domine de esa forma.

Lucas Reategui y Adriano Cogorno

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