El señor de los milagros

“Señor de los Milagros
A ti venimos en procesión,
Tus fieles devotos
A implorar tu bendición”
(parte del tradicional cántico al Señor de los Milagros)

Era mediados del siglo XVII, cuando un simple esclavo proveniente de Angola pintó sobre una pared de adobe una imagen de Cristo crucificado como símbolo de buen auguro por su llegada al Perú. 

En el año 1655, un fuerte sismo sacudió Lima y Callao. Los daños fueron inmensos, dejó decenas de muertos e incalculables pérdidas materiales, pero la imagen del cristo de los angoleños no sufrió ni un rasguño. Desde ese día, tal imagen perteneció a muchas más personas y lleva el nombre del Señor de los Milagros o Señor de los temblores. Para todos es también conocido como Cristo Moreno, debido al africano que la pintó. 

Tiempo después, el 20 de octubre de 1687, volvió a estremecer a la ciudad de Lima uno de los terremotos más fuertes vividos en la historia de nuestro país, con una alta magnitud y duración de más de 15 minutos. Ese día, “el milagro” se volvería a dar. Todo cayó, menos la pared donde se pintó la imagen del “Señor de los Milagros”. Aquel 20 de octubre fue por casualidad el primer día en el cual la población realizaba la primera procesión en nombre de tal imagen. En el año 1746, otro evento agigantaría este suceso. Lima padeció el sismo más destructor de su historia y una réplica de su imagen salió en procesión y la tierra dejó de temblar. La devoción del pueblo creció. Se construyó la Iglesia de las Nazarenas, que hoy es su casa, el santuario donde se mantiene resguardada el anda, cuando no sale a caminar en manos de sus fieles.

Hasta la actualidad, el fenómeno de su procesión es algo que vemos cada año. Lo más resaltante de todo esto es que no se trata de un acto únicamente católico, sino que es uno de los movimientos sociales más grandes del Perú, cuya manifestación atestiguamos todos los meses de octubre en recuerdo de su milagroso andar. La hermandad, las cuadrillas de fieles, las zahumadoras, el hábito morado, detentes, estampitas, la feria taurina y delicias gastronómicas como el turrón de doña pepa y la chicha morada son herencia directa del tradicional culto a la imagen del cristo de pachacamilla. 

Se trata de la mayor muestra de fe multitudinaria a nivel mundial. Cubre un espectáculo de humanidad inmensamente representativo. Los tumultos de gente rezando, cantando, llorando por la presencia y recorrido del anda representan algo más que una creencia, pues congregan todo tipo de personas y de toda condición social. 

Hace dos años, debido a la pandemia, no sale en sus recorridos acostumbrados durante el mes de octubre, pero este año, a diferencia del anterior, sí se ha permitido ver la imagen en la Iglesia de las Nazarenas. En las últimas semanas, las colas han sido interminables, pero la paciencia de sus fieles también. Nueva York, Miami, Madrid, Barcelona y Milán son algunas de las grandes ciudades donde, con el permiso del obispo o no, también se hicieron sentir. 

Ernesto Tejeda Bacigalupo

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